martes, 5 de febrero de 2019

DE VUELTA A CASA

Aquí esta ya el Relato de Febrero, continuamos un mes más, las bases están al final del todo. Que disfrutéis.

No sé cuánto tiempo llevo aquí, si es de día, o es de noche, solo sé que hace mucho nadie entra ya, mis compañeros siguen enfermos, unos se quejan de dolores de cabeza terribles, otros de sus rodillas, unos tienen hambre, otros solo piden agua. No hay ni un ápice de luz, intento acercarme a ellos, pero no lo consigo, es como si hubiera un muro entre nosotros.
Intento darles ánimos, de una u otra manera, sé que pronto saldremos de aquí, así que hablo con ellos de la forma más serena.
- Felipe, como va tu dolor de cabeza.
- No puedo más, a pesar de la oscuridad, no puedo ni abrir los ojos.
- Luis, que tal tus rodillas, ¿te puedes levantar?
- Me da la sensación de tenerlas rotas.
- No os preocupéis, ya vendrán a buscarnos y volveremos a estar con nuestras familias.
Ánimos que, muchas veces me hace pensar, si son fantasías mías o es la necesidad imperiosa de querer salir de aquí ya y continuar con vida.
Cada día recuerdo con dolor, cuando me sacaron a rastras de mi casa, hasta hoy, no sé el motivo de porque estoy aquí, se llevaron también a mi mujer, ¿A dónde?, no lo sé, mis hijos, gritaban, lloraban y se agarraban a mí, los separaron con empujones, los vi abrazarse, con los ojos llenos de lágrimas y terror.
Yo trabajaba en las minas, era el sustento del pueblo, mi mujer limpiaba las casas de los terratenientes, mis hijos la acompañaban, ayudaban a limpiar el jardín, tareas pequeñas, así se entretenían. Me pregunto qué será de ellos, estarán vivos, tendrán para comer, seguirán juntos; este dolor en el pecho de angustia y preocupación, es más fuerte que este encierro en sí.
Escucho un ruido lejano, gente hablando, máquinas que van y vienen, mi corazón late a mil por segundo, ya están aquí vienen a por nosotros, lloro de felicidad, volveré a casa estoy seguro.
- Muchachos, escuchar, vienen ya a por nosotros
- O vienen a rematarnos
- Calla Luis, vienen a sacarnos de aquí.
- Vamos Antonio, ¿aún tienes esperanzas?
- Por supuesto Felipe os dije que vendrían a ayudarnos.
Escucho murmullos, comienzo a gritar con todas las fuerzas que me quedan y mis compañeros me ayudan.
- Aquiiiiiii, estamos aquiiiii
- Por favor sacarnos yaaaaa
- Auxiliooooo, aquí abajoooooo
Pero no recibimos respuesta ninguna, a pesar de que cada vez están más cerca, quiero moverme y no puedo, tengo el cuerpo entumecido, Luis me dice que intenta levantarse y no puede, no entiendo nada, que es lo que está pasando.
De repente se atisba un halo de luz, las voces están más cerca todavía, cada vez veo más claridad y cierro los ojos, me molesta, me ciega, pero que cojones, como es posible que no pueda ver en condiciones. Lo intento muy despacio y los veo, un hombre de mediana edad, con barba, gafas y una especie de pincel, lo pasa muy suavemente por mi rostro, bajando por mis extremidades, yo no puedo hablar, solo lloro de alegría.
- Francisco, hay muchos más, en ambos lados.
- Esperábamos que fuera así, para esos estamos aquí.
- Francisco, algunos están intactos, otros con miembros destrozados.
- Iremos poco a poco, hay que identificarlos, antes de avisar a sus familias, esto les será muy doloroso.
¿Identificarlos?, pero yo les puedo decir quién soy, mi nombre es Antonio Luengo Gómez y tengo 35 años, eso creo, depende del tiempo que estuviésemos aquí, fui arrestado, por la ley de Vagos, pero no es verdad, yo trabajaba en la mina y no sé qué fue lo que pasó. ¿Está usted escuchándome?, hey, le estoy hablando, ¡heyyyyyy!
No me escucha, ¿porque no me escucha?, sé que no está sordo, ¿qué es lo que está pasando?, por favor que alguien me diga algo, no entiendo nada.
- Chicos ¿cómo estáis?, ¿veis algo?, ¿os podéis mover?
- Antonio, algo no va bien, solo me miran, pero no me escuchan y no me puedo mover.
- Dios, mi mano, solo hay huesos, ¡que me pasa!
- Muchachos, mantener la calma, creo que estamos muertos ya.
Dejo ya de hablar, no intento ni moverme, dejo que estas personas hagan su trabajo, lloro desconsoladamente, cuanto tiempo habrá pasado, como es posible que no recordemos nada, y de repente lo veo allí, cerca de unos arbustos, esos ojos me son familiares y Francisco le hace una señal para que se acerque.
- Pedro, este es tu abuelo, lo identificamos por esta botella de ron, tenía dentro un papel con sus datos, causa de su muerte y poco más.
- ¿Lo torturaron?, ¿sufrió mucho?, ¿hay algo más que me puedas decir Francisco?
- Hasta que no los analice a fondo, no te puedo decir mucho más.
- ¿Puedo tomar fotos?
- Sabes que puedes hacer las fotos que quieras, tienes autorización de la Sociedad Tximparta, sin vosotros, no estaríamos aquí ahora.
Mi nieto, mi ni-e-to, tendrá la edad que yo tenía cuando llegué aquí, madre mía, casi 60 años han pasado, me lo he perdido todo, la infancia de mis hijos, sus bodas, a mis nietos, toda mi vida, me la arrebataron.
Con toda la delicadeza del mundo, nos van poniendo en unas camillas, veo a mis compañeros por fin, juntos unos a otros, llenando fosas de varios kilómetros. Escucho a toda esa gente hablar, nuestros familiares se encuentran cerca, lloran de rabia, de dolor y no hay justificación para todo aquello.
Mientras nos analizaban, escuchaba que ésta es la Ladera del Monte Ezkaba (Navarra), todos presos republicanos, en el Fuerte de San Cristóbal, en total somos 131 personas, muchos de ellos no sé quiénes son, según el informe médico, fallecimos por Tuberculosis, a causa del frío y la humedad de la prisión, otros por un balazo en la cabeza, pero antes fueron torturados.
- Felipe, Luis, siento mucho haberles dado tantas esperanzas.
- No Antonio, sin tus ánimos, nuestras almas se hubieran perdido en el limbo.
- Eres el único, que sabía que vendrían a por nosotros.
- Gracias por todo compañeros, espero que ahora sí, podamos descansar en paz.
Me despido de mis compañeros, con tristeza, con alegría, con congoja, volvemos a casa, pero no de la forma que esperábamos, a pesar de las circunstancias fuimos afortunados, cada uno fue enterrado de una forma cristiana, tuvieron la decencia de poner nuestros datos en las botellas, así fuimos identificados. A pocos metros de nosotros, encontraron a muchos más, todos revueltos, sin poder saber quiénes son y muchos otros que aún no saben donde están.
Mi nieto me mira, con dolor, con tristeza, con un suspiro de que todo ha terminado por fin, me pone la mano en el pecho y me dice.
- Abuelo, aún tenemos un largo camino, papá te está esperando.
Quiero hablar, pero no puedo, este nudo en la garganta, esta desolación, esta impotencia, ya no puedo hacer nada, solo esperar. Escucho a mi nieto despedirse y agradecer a Francisco Etxeberria (Antropólogo forense), colaboró con la Sociedad Tximparta, para nuestra búsqueda, se abrazan con gratitud y se alejan, así que cierro los ojos e intento descansar un poco, no pensar en nada más que no sea, volver a ver a mis hijos.
Siento una caricia en mi mano, abro los ojos lentamente, es Pedro, mi hijo, que llora en silencio, tiene la mirada cansada, triste, quiero escuchar su voz, pero no lo hace, respeto su silencio y de repente aparece ella, una mujer hermosa, casi de su misma edad, le da un beso en la cabeza y le invita a cenar, es su mujer. Observo a mí alrededor, es una casa espaciosa, hay muchas fotos, todos estos niños deben ser mis nietos o bisnietos.
Como ha cambiado todo, las fotos son a color, en unos cuadros muy raros, la televisión es también a color, cuantas cosas son diferentes ahora, aquí no hace nada de frío, me siento cómodo, relajado, en familia. No veo a mi mujer, ni a mi hijo Antonio, será que no quieren verme, o habrán pasado lo mismo que yo y me aterra solo de pensarlo.
Están todos listos, parece que vamos a salir, cogen mi caja a hombros y mi intuición me dice que nos dirigimos al cementerio, es normal, no me puedo quedar aquí siempre. Hay mucha gente a la salida de casa, no me esperaba esto, personas que arropan a los míos, que lloran su dolor y les dan su pésame.
Hemos llegado, tengo mi propio espacio, es acogedor, un lugar sagrado donde por fin podré descansar, después de la misa y las palabras del párroco, mi hijo se me acerca, tembloroso y con lágrimas en los ojos, me da un beso y me susurra al oído, solo para que yo le escuche.
- Ya estás aquí, de vuelta a casa papá, te quiero.
Siento una paz interior, una tranquilidad, mi cuerpo se relaja y me sumerjo en un sueño profundo, donde sé que todo irá mejor.

Objetivo: 9 ( Utiliza un cementerio como escenario para un relato)

Objetos ocultos: 6 (Un informe médico)

19 (Una botella de ron)
Palabras: 1466
Contado en primera persona y en presente.
Verborrea interminable
Aquí os dejo los blogs y los twiter de nuestras organizadoras: @MUSAJUE ( plumakatty.blogspot.com.es ) y @Stiby2 ( nosoyadictaaloslibros.blogspot.com.es ), donde encontraréis las bases del #OrigiReto2019.



1 comentario:


  1. Aitziber Conesa (Danza de Letras)
    hace 4 días
    A ver... necesito preguntar esto, así que de primeras disculpa por si es entrometido. ¿Por qué Navarra? Te explico mi pregunta. Soy de navarra, y mi familia tiene (de muchos de los modos posibles) que ver con los encarcelamientos y fusilamientos de la guerra civil. Posiblemente como todas las familias. Así que esto me ha pillado por sorpresa muy cerca.


    En lo técnico: Los guiones de diálogo, son todos - en lugar del guión largo ( — ). Cuidado con los puntos finales que te faltan (a mi también se me escapan mucho, pero bueno, yo te lo digo).
    Luego hay puntuación diversa, pero sería largo de poner en un comentario, especialmente cuando son... bueno, apreciaciones personales. Si quieres te lo digo por correo. Dime algo :)

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